lunes, 9 de abril de 2012

Blancanieves 2012 (o ese cuento se acabó)


"Las niñas ya no quieren ser princesas", cantaba Joaquín Sabina sobre el Madrid salido de la transición. No debe ocurrir lo mismo en nuestros días, porque el cine nos trae una princesa tras otra, entre ellas tres versiones libérrimas de la inmortal Blancanieves. Y la nueva heroína no es exactamente la princesa que se espera de ella, sino que muestra más carácter, no espera ser salvada, empuña la espada y, si hace falta, pelea como Lara Croft. ¿Las niñas ahora sí quieren ser princesas? Otro tipo de princesa, desde luego.

En un momento de la película de Tarsem Singh recién estrenada (Blancanieves. Mirror, mirror), la protagonista (Lilly Collins) encierra al príncipe azul y a los enanitos tras la puerta de la casa y les dice que ya está harta de ese cuento en que tiene que ser salvada, así que ahora se valdrá por sí misma. El príncipe insiste desde el otro lado de la mirilla: "Pero ¿por qué? El cuento ha sido siempre así y ha funcionado bien". Y Blancanieves parte a combatir en solitario a la bestia del bosque, una especie de dragón que devora humanos. No hace falta decir que triunfará. Y que ni se tragará la manzana envenenada ni despertará de la muerte por un beso de su hombre ideal.

El mundo del cine parece estar respondiendo así a los que alertaban contra los cuentos clásicos, la primera literatura que conocen nuestros niños, porque transmiten sexismo. Lo que es relativo. Según cómo se cuenten. Claro, la mentalidad y los prejuicios de cada época impregnan casi todo lo escrito en la historia de la literatura. Pero de ahí venimos, esa es nuestra cultura y tampoco vamos a borrarla toda para partir de cero. Ahora bien, igual se pueden aportar nuevas versiones con nuevos elementos. Blancanieves se pone al día, como mucho tiempo antes hizo de la mano de otros intermediarios del antiguo mito, sean los hermanos Grimm o la Disney.

En junio llegará otra superproducción a las pantallas: Blancanieves y la leyenda del cazador, de Rupert Sanders, que promete ir mucho más allá presentando a una Blancanieves guerrera y revolucionaria que interpreta Kristen Stewart. Las imágenes que se avanzan parecen más propias de El señor de los anillos.




Otra Blancanieves pero gótica viene en camino del cine español con aires también muy distintos: en blanco y negro y muda, al estilo de la premiada The artist, con Maribel Verdú como madrastra y dirigida por Pablo Berger. Tan libre que la princesa castiza se llama Carmen.

¿Quién explica esta fiebre de reinterpretar a Blancanieves, además del posible espionaje industrial entre las cinematográficas? Benjamín Prado explicaba bien en Hoy por hoy de la SER la fascinación que despierta el personaje, cómo entronca con mitos griegos (desde Tántalo a Edipo), con otros bíblicos como el de la manzana envenenada. "Los cuentos clásicos son más clásicos de lo que parece", defiende el escritor. Sus argumentos son universales y atrapan porque tienen fuerza dramática, porque dan forma a nuestros miedos ancestrales, luego nos permiten exorcizarlos.


El material original es culturalmente valiosísimo, pero en muchos aspectos, visto desde ojos de hoy, poco instructivo. Algunos cuentos nunca serán llevados al cine, y no están entre los más populares hoy, por su extrema violencia. Pulgarcito consigue por un engaño que el ogro devore a sus propias hijas, qué héroe. El flautista secuestró a todos los niños del pueblo cuyos adultos no le pagaron lo que le prometían. El horror es elemento habitual, porque conmueve, emociona. Aún así, en cada tiempo se han añadido o quitado elementos según la sensibilidad de la época. Casi nadie recuerda ya de Blancanieves su final original según los Grimm: la madrastra es condenada a vestir unos zapatos de metal incandescente sobre los que tendrá que bailar hasta morir. Disney prefiere hacerla caer por un acantilado tras una batalla con los enanitos, que parece un final más digno.



Pero, a lo que íbamos, ¿hay o no hay sexismo? Hay muchos cuentos clásicos protagonizados por mujeres o niñas, lo que implica un punto de vista femenino desde el principio, lo que no siempre se ha dado en la literatura. El problema es que las chicas puestas como modelo son a menudo frágiles, vulnerables, necesitadas del rescate de un varón, sea un príncipe que besa lo que parece un cadáver, otro que busque a la dueña del zapato de cristal o un cazador que las saque de la tripa del lobo. Casi todas parecen explotar sobre todo su belleza y su encanto, su atractivo, como su principal arma.

Las versiones de los cuentos dominantes en el último siglo, que son las de Disney, no desmienten este tópico de mujer dependiente. No, al menos, las películas de princesas filmadas por el mago de los dibujos animados (auténticas obras de arte, digámoslo también) en los años 30. Las princesas de Disney del siglo XXI (Tiana y el Sapo o la Rampunzel de Enredados) ya tienen otra forma de ser. Un rol más activo en la trama, un ideal más cercano al que creemos oportuno para las niñas de hoy.


Y está, siempre, la madrasta. ¡Ay la madrastra! Si hay un colectivo que debe aborrecer los cuentos es el de las segundas esposas. Las malvadas por excelencia son las madrastras, que en las dos nuevas Blancanieves de Hollywood interpretan Julia Roberts y Charlize Teron, actrices de primerísima fila que resultan magnéticas desde su glamourosa maldad. Parece que, en la época de los castillos y los caballeros, lo peor que pudiera pasar a una muchacha es que su padre enviudara y se volviera a casar. El estigma ha sido tal que la palabra madrastra ha desaparecido de nuestro vocabulario corriente, y nadie llamaría así a la mujer de su padre. Desde luego, ya nadie quiere ser vista como una madrastra. ¿Transmitieron ese prejuicio tantas generaciones de madres que eran primeras esposas y contaron el cuento primero?


Cliché tras cliché. Pero, entonces, ¿hay que jubilar los cuentos clásicos por no adaptarse a nuestra mentalidad actual? No, por favor, sería un desastre cultural. No resistiría un test de corrección política ninguna gran obra de ficción, material que debe estar libre de corsés porque pertenece al mundo de lo imaginario. ¿Y si cambiamos los cuentos otra vez? En eso parece estar el cine, pero las nuevas versiones difícilmente lograrán sacar a las de Disney de las videotecas domésticas, porque no tienen su magia.

Hace un par de años, cuando Bibiana Aído ocupaba el desaparecido Ministerio de Igualdad, ese departamento quiso advertir del sexismo implícito en los cuentos y le cayó encima una buena polémica (muy parecida a otra más reciente: la de la RAE con las guías de lenguaje no sexista). Entonces escribió en Vida&Artes Aurora Intxausti un artículo, irónicamente titulado "El cuento de las hadas y los hados", sobre la vigencia de los clásicos. "Los cuentos nos introducen en el universo de la lectura y al mismo tiempo nos descubren sentimientos como los celos en el caso de Cenicienta, la envidia en Blancanieves o el abandono en Hansel y Gretel. Durante años, los clásicos de Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm o Charles Perrault han mostrado a los niños un mundo en el que el papel de la mujer y el hombre eran diferentes, porque correspondían a una época muy distinta a la que vivimos hoy. Los nuevos cuentistas abordan otro tipo de temas relacionados con los valores que deben predominar en nuestra sociedad, como la solidaridad, el medio ambiente, el respeto al otro o la amistad. Pero lo políticamente correcto no derrota por ahora a la tradición y el cuento clásico sigue tan vigente como siempre. Hay quien apuesta por reinventar los cuentos y sobre eso hay diferentes teorías. Y hay otros que creen que resulta absurdo incluso el planteamiento de que pueda cuestionarse un patrimonio cultural de este orden", resumía Intxausti.



Una de las más respetadas editoras de libros infantiles, Felicidad Orquín, defendía con pasión estos cuentos "maravillosos" de hadas, a los que se puede considerar la prehistoria de la humanidad: "Todos ellos son universales, porque se dan con variantes en todos los países, son figuras que hay que considerar arquetipos. Por eso en el siglo XVII un hombre culto de la corte, como Perrault, toma estos cuentos de aquellos populares que había oído a su niñera, y hace una colección de clásicos que se mantienen ahora, como La bella durmiente, Caperucita o Piel de asno, que recogen esas experiencias subconscientes de iniciación para niños y niños. No hay más que recordar Caperucita, cuento que termina con una moraleja con la que se advierte a las niñas para que se defiendan frente a los hombres mayores que pueden perseguirlas", concluye Orquín, quien sostiene que los estereotipos que aparecen en las mujeres de estos cuentos no son sexistas, ya que las figuras femeninas, tanto las bondadosas como las malvadas, tienen un papel y, a veces, el más activo.

¿Saben? Los padres progres también leen cuentos clásicos a sus hijos, porque no se ven capaces de romper una cadena de lecturas familiares seguida durante siglos, porque no quieren hurtarles el patrimonio cultural que nos ayuda a entender quiénes somos. Pero lo bueno de las tradiciones orales es que al narrador le queda un amplio margen para modificar, añadir y quitar al cuento. Que se puede contar el cuento a tu manera. Como está haciendo Hollywood. O como hacen tantos padres que, al acostar a sus hijos, se sienten libres para inventarse un final distinto algunas veces. No está tan mal que aprendamos distintas versiones del cuento de siempre.

FUENTE: http://blogs.elpais.com/mujeres/2012/04/blancanieves-2012.html

¡Viva el fútbol mixto!

El estupendo reportaje de Ángeles Espinosa "Jugar al fútbol con velo para no incitar al pecado",  sobre las dificultades que las mujeres encuentran en algunos países islámicos para hacer deporte y participar en competiciones internacionales, me recuerda la discriminación a la que tienen que enfrentarse las deportistas en países mucho más avanzados, no a causa de desfasados tabúes religiosos, sino solo, exclusivamente, por su condición femenina.

La sociedad saudí se ampara -nos cuenta Espinosa- en “razones culturales y religiosas” para apartar a las mujeres del deporte y excluirlas de la educación física (“la virginidad de las niñas podría resultar afectada por el exceso de movimiento y los saltos”, según un jeque asesor de la Casa Real, mientras que otro influyente clérigo considera los deportes para la mujer como “pasos del diablo” que la conducirían a un comportamiento antiislámico y a la corrupción moral). De modo que, sin que se prohíba por escrito, la práctica deportiva está proscrita allí si se hace “en público”, si bien las pegas que se ponen se centran en el vestuario de las deportistas y en el riesgo de mezcla con el otro sexo. De ahí que haya sido recibido con alborozo que el
Comité Olímpico Internacional (COI) inicie conversaciones con diversos comités nacionales y que la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) haya autorizado que las futbolistas musulmanas puedan jugar con una capucha que les tape el cabello y el cuello.

El aplauso a la FIFA de muchas deportistas musulmanas tendría que convertirse en abucheo por parte de las mujeres -y de los hombres- de países democráticos, que tratan de avanzar hacia la igualdad de sexos. Es insoportable el mantenimiento, a estas alturas del siglo XXI, de la separación entre deportistas por la única diferencia de género. El esfuerzo que la FIFA seguramente ha realizado para autorizar, con carácter de prueba, que las mujeres puedan practicar el fútbol entre ellas tapando parte de su anatomía, de modo contrario a lo que la higiene y la salud aconsejan, resulta mucho más costoso que la decisión de iniciar -igualmente durante un periodo de prueba todo lo largo que sea necesario- un proceso para la práctica del fútbol mixto, entre hombres y mujeres.

Dado que el fútbol es el deporte-rey, el criterio igualitario se extendería a los otros deportes y se iniciaría a nivel estatal, si bien sería bien recibido entre los partidarios de la igualdad de sexos ese toque de atención desde la FIFA y otros organismos como el COI. Hace tres años, el
Consejo Superior de Deportes (CSD) de España elaboró un Manifiesto por la Igualdad y la Participación de la Mujer en el Deporte, que proyectaba “superar prejuicios y estereotipos” y “garantizar la plena igualdad (…) en todos los ámbitos y a todos los niveles”. Yo saludé entonces esa proclama (véase "Un sexo no tan débil), que me temo que haya sido enterrada por la crisis.

Creo que para impedir la práctica del deporte mixto, sigue sin ser válido el argumento de la fortaleza física del hombre y la debilidad de la mujer. Esa coartada caducó cuando se empleó, durante lustros, para cerrar a la mujer el camino de la milicia y de la Guardia Civil, igual que cuando se le negó capacidad para ejercer la judicatura, entre otras profesiones de hombres.
Los esfuerzos para discriminar a la mujer solo por serlo se disfrazan de los modos más estrambóticos. En un interesante artículo de Ángeles Caso, publicado el Día Internacional de la Mujer ("También las mujeres sabían pintar"), se descubre cómo a lo largo de la historia se ha tratado de escamotear la capacidad de las mujeres para pintar, una actividad que, en principio, ni los más misóginos tendrían por qué negar al género femenino. Caso atribuye el prejuicio “a creer que casi todas las cosas importantes de la humanidad -salvo parir- las han hecho los hombres”. Demuestra con datos la intervención de la mujer en el arte pictórico, a pesar del criterio de Bocaccio: “El arte es ajeno al espíritu de las mujeres, pues esas cosas solo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”.

La obsesión por establecer justificaciones antropológicas para discriminar a las mujeres resulta cada vez más anacrónica y acientífica. En un meticuloso trabajo, Malén Ruiz de Elvira, tras consultar neurocientíficos, neuropsicólogos, biólogos y otros expertos, llega a la conclusión de que, existiendo distinta anatomía cerebral,
no hay diferencia “en lo que es el núcleo duro de la capacidad intelectual”.

La igualdad de derechos entre ambos sexos terminará imponiéndose, sin que la práctica mixta del deporte sea una excepción, incluida la posibilidad de que futbolistas de ambos sexos compartan las selecciones nacionales de sus respectivos países, emblemáticas de unas naciones que no solo cuentan con hombres.

FUENTE: http://blogs.elpais.com/mujeres/2012/04/futbol-mixto.html

La violencia tiene cara en México

El rostro de una mujer de 83 años con la cara golpeada reflejada en una lona de 18 metros cuadrados se levanta en los cerros del municipio mexicano de Ecatepec de Morelos, al norte del Distrito Federal. Su imagen revela el drama de la violencia doméstica, con un esposo de 87 años que la maltrata habitualmente, como aquel que fustiga a un caballo porque forma parte de su doma. Muy cerca, el retrato de una niña de apenas 12 años que sufre un trauma y no puede salir de casa porque un día la asaltaron. A su lado, otra mujer de mediana edad  que frente a su domicilio vio como mataban a dos menores de edad por un asunto de drogas. No muy lejos, una abuela que tiene a su cargo a tres nietos porque los padres de estos se encuentran en prisión. Y así hasta 35 historias plasmadas en otros tantos retratos en blanco y negro. Todos invadiendo el vecindario de Cerro Gordo, una zona muy degradada y con un alto índice de delincuencia del área metropolitana de Ciudad de México.

La exposición Dándole rostro a las víctimas de la violencia es resultado de un  taller de fotografía organizado por la Fundación Murrieta con jóvenes en peligro de marginalidad. Su intención, tal y como explica Marco Antonio Hernández Murrieta, presidente ejecutivo de la organización,  no es otra que hacer consciente a la población de las consecuencias de las agresiones en el municipio. “La víctima no es el único que sufre la violencia, también su entorno, su familia, esto pasa en el caso del narcotráfico”. Y explica cómo se sacó el proyecto a las calles: “Nos dedicamos a ir a los mercados, a las plazas y buscamos voluntarios entre los vecinos para que nos contasen su historia y permitiesen que les tomáramos una fotografía. Muchos se negaron, pero al final, juntamos casi a cincuenta”.

“La mayoría de las personas retratadas en la exposición son mujeres, porque sobre ellas recae el grueso de la violencia”, explica Murrieta. Las historias cuentan agresiones en el transporte, en la familia o en la escuela. Muchas son víctimas de abusos sexuales.


La Fundación desarrolla programas de prevención de la delincuencia en este municipio de más de 1.600.000 habitantes y también en el DF. En 2011 participaron en ellos un total de 3.500 jóvenes. Durante cuatro meses se combinan talleres y actividades deportivas con charlas sobre drogas y violencia. “Tratamos de enganchar a los chicos con alguna tarea interesante”. Desde la fundación aseguran que el número de delitos ha disminuido en el último año, de lo que se sienten, en parte, responsables.

El proyecto Dándole rostro a las víctimas de la violencia ha tenido mucha
repercusión en medios de todo el mundo y los organizadores han decidido que la exposición termine cuando no queden retratos expuestos. “Las lluvias se llevaron los primeros, que eran de papel y cartón”. Ahora las lonas –de 18 y 24 metros cuadrados-  han ido desapareciendo porque  los vecinos optan por su reciclaje. “No se trata de un robo, nosotros al menos no lo entendemos así, pero las casas de la barriada no están bien acondicionadas y los habitantes las han usado para las cubiertas”, explica Murrieta, quien califica la experiencia de “ecología social”. Él mismo advierte de que la idea no es original. Está basada en la obra del artista francés conocido bajo el pseudónimo de JR, quien en 2006 retrató a los gamberros de los suburbios parisinos y colocó sus fotografías en gran formato por las calles de los barrios más lujosos. Esta exposición ilegal se convirtió en oficial cuando el Consistorio accedió a albergar las imágenes en su edificio. Repitió después el proyecto en otros lugares como las favelas de Río o África.

En efecto, Cerro Gordo es un área depauperada, de pavimentos irregulares, viviendas bajas y basureros improvisados. Con una ordenación del territorio absolutamente caótica y a muy poca distancia de la capital mexicana, en nada recuerda a la modernidad de la gran urbe. Para el director ejecutivo de la Fundación, son necesarias pequeñas acciones como estas para acabar con la violencia. “La solución no viene de un gran programa nacional de los partidos políticos”, recuerda a pocos meses de las elecciones presidenciales en México, “es un problema de estructura mental”. Y termina aludiendo a la archiconocida máxima: “Piensa globalmente, actúa localmente”.

'Lideresas' culinarias

La alta gastronomía es un mundo mayoritariamente masculino. Pero hay mujeres dispuestas a cuestionar la estadística. En los fogones, las bodegas o frente al ordenador, estas cinco profesionales dinamizan la escena culinaria de Madrid

Aunque todos los cocineros nombran a su madre o a su abuela cuando tratan de explicar su primer acercamiento a los fogones, el mundo de la gastronomía madrileña, hoy por hoy, es esencialmente masculino. Las mujeres son una especie en extinción en las cocinas de los restaurantes. Ya sea porque la conciliación de la profesión culinaria con la vida familiar es harto complicada (si no directamente incompatible). O porque, hace décadas, la mujer asumió como parte de su liberación el hecho de salir de la cocina. O quizá, como opinan algunas, porque liderar un negocio requiere de mucho arrojo e implica romper a las bravas muchos tabúes. El caso es que son muy pocas las mujeres que han dado un paso al frente. Pero algunas (sin hijos) lo han hecho.

 Unas para ponerse directamente delante de los fogones, como Carmen Delgado, la chef del restaurante peruano La Gorda (Costanilla de San Andrés, 20). Otras para dirigir salas, como Maria José Monterrubio, premiada en Madrid Fusión 2007 como “mejor jefa de sala” cuando trabajaba en el restaurante Chantarella y que ahora acaba de lanzarse con su propio negocio: Villa Sabores (General Perón, 11). Las hay que han desarrollado narices imbatibles como Ana Losada que, tras ocho años de experiencia en La Broche con Sergi Arola y una larga lista de másteres y premios enológicos, se ha atrevido a hacer realidad su sueño hace unos meses. Se llama, en honor a sí misma, La Chula de Chamberí (Fernando el Santo, 16), un sitio en el que los maridajes entre platos y caldos son perfectos. Lejos de las barras, las mesas y las cacerolas, hay un universo paralelo, el de la comunicación de todo aquello que se crea en las cocinas. Es ahí donde las mujeres están cobrando protagonismo. Así le ocurre a Marta Fernández, que se ha hecho un hueco en el ciberespacio con su portal Gastroecónomy. Y, ante una competencia feroz, se hace imprescindible la promoción. La domina Beatriz Jiménez que le cuenta al mundo lo que se hace en sus 12 restaurantes. Ellas lo dejaron todo para saltar al universo gastronómico y son ya dinamizadoras de la escena culinaria. Son las nuevas gastrónomas.

La chef

Las dos vidas de "La Gorda"



Carmen Delgado (Lima, 1958) empezó una vida como “mujer florero” en Lima, y huyó a los 30 años para inventarse otra. Este ejercicio de ingeniería vital la convirtió en La Gorda, la cocinera del restaurante del mismo nombre en el número 20 de la calle Costanilla San Andrés, junto a la Plaza de la Paja. Dejó atrás los miedos que la paralizaban, quiso olvidar los traumas que la torturaban y aterrizó en una pensión primero y en la cocina de su apartamento después, donde comenzó a hacer los postres que la hicieron famosa (“la tarta de zanahorias y de chocolate que se sigue sirviendo hoy en la cafetería del Teatro Real”). Años después, encontró el amor y abrió su restaurante que lidera con la determinación y la honestidad que le enseñó la vida. Y lo mismo te pone una causa limeña, un ceviche o un tiradito de lubina. Ahora también con forma de tapas.

La comunicadora

Una 'boutique' de restaurantes



Harta de su trabajo en un gimnasio y el spa de la calle de Serrano, Beatriz Jiménez (Madrid, 1979) se entregó a la hostelería a los 25 años. Primero por amor (“mi novio tenía un restaurante”) y luego porque encontró su hueco: “Contarle a la gente lo que me gustaba de los sitios que a mí me encantaban”, dice. Antes, se atrevió a montar su propio local: “Demasiado esclavo, no era para mí, pero me sirvió para valorar y entender el trabajo en un negocio como este”, asegura. Ahora lleva la comunicación de 12 de sus locales madrileños preferidos (Asiana, Brookei, El Caldero, Trattoria Santarcangelo, Pombo 18...), y no pretende llevar muchos más: “Mi idea es que mi agencia [S&Q Comunicación] sea como una boutique en la que ofrezco cosas selectas, no quiero tener que justificar lo que promociono, quiero que se justifique por sí mismo”. Toda una declaración de intenciones.


La jefa de sala

Un imán entre las mesas.



Nunca sabremos si ella se comió el mundo gastronómico o se lo comió él a ella. Solo contaba 15 años cuando llegó a Madrid desde Villarejo de la Sierra (Zamora), donde nació hace 45. Llegó para trabajar en el restaurante que sus tíos tenían en la capital y terminó recibiendo el premio de Madrid Fusión en 2007 a la mejor jefa de sala, cuando trabajaba en el bistrot Chantarella (hoy cerrado). María José Monterrubio es una de esas personas que conquistan por su naturalidad, porque no tiene ni trampa ni cartón, porque huye del adorno gratuito pero no de la atención y el detalle. Y así es como ha ido cosechando éxitos: inauguró el Nodo, La Broche, montó Chantarella y ahora ha emprendido su carrera en solitario con Villa Sabores (General Perón, 16), en donde recalan, como atraídos por un imán, y saludan como amigos de toda la vida, muchos de sus clientes, muchos de aquellos a los que ella sirvió y atendió: desde miembros de la realeza hasta vecinos y ejecutivos que trabajan en el barrio. ¿Su truco? Parece una de las máximas kantianas: “Siempre hay que tratar a la gente como te gustaría que trataran a ti... Y tener el mejor jamón, el mejor queso, las mejores croquetas...”.

La bloguera

Un portal para 'foodies'.

Periodista económica de profesión hasta hace un año, Marta Fernández (38 años) decidió hacer de su hobby su trabajo. Y se montó un portal a medida, justo el día que Ferran Adriá cerró elBulli. Allí estaba ella, en Rosas (Girona), para contarlo después en Gastroeconomy. Con más de 50.000 visitas al mes (21.500 usuarios únicos al mes), parece que va como un cohete por el ciberespacio. “Al final me encontraba escribiendo al llegar a casa para hacer los temas que más me gustaban”, cuenta. “Ahora me quedo hasta la madrugada, pero porque estoy en pleno lanzamiento y porque trabajo también como freelance”, comenta. Su deformación periodística ha contribuido a que su sitio web tenga un doble enfoque: “Por un lado, analizo la gastronomía desde el punto de vista de los planes de negocio; por otro, ofrezco rutas para los <CF1053>foodies”.</CF> Y así es como ha enganchado a los profesionales del sector y a todo aquel aficionado al mundo culinario que quiere seguir descubriendo cosas. ¿Un rápido análisis? “La crisis ha servido para depurar negocio. Las comidas de trabajo se han rebajado a precios medios y, por eso, todos lo que se crea nuevo, como los gastrobares, son locales de precios medios”. Más, en el portal.

La sumiller

Una chula de Chamberí.

El nombre de su “neotaberna”, La Chula de Chamberí (Fernando el Santo, 11), hace honor a su fama. Así la llaman: la chula. Ana Losada (Madrid, 1968) dio el salto al mundo gastronómico (al enológico, concretamente) por amor. El primer amor se acabó, pero el enganche al vino ha prevalecido 22 años después. “El vino es mi pasado, mi presente y mi futuro”, dice. Estuvo ocho años en La Broche con Sergi Arola. Ahora, con los cocineros David Marsall y Olivier de Bellerroche, ofrece lo que más le gusta: maridajes perfectos, también con vinos de Madrid.

FUENTE: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/03/30/madrid/1333140773_647021.html

"Una mujer candidata abre las puertas para que otras se animen"

La representante de ONU Mujeres para México cree que en las elecciones se alcanzará la paridad en el Parlamento pero advierte de que aún hay brecha para lograr la igualdad real

ANA GÜEZMES | REPRESENTANTE DE ONU MUJERES EN MÉXICO

Las mujeres de México, un país machista al menos en los tópicos y los chistes, aspiran el 1 de julio a alcanzar la mayor cuota de poder de su historia. Ese día se elegirá al presidente de la República –o presidenta, porque por primera vez hay una aspirante con opciones, Josefina Vázquez Mota, del PAN- y se renovarán los congresos federal y de varios estados en cuyas listas se presentan al menos un 40% de candidatas, como exige la ley. Los partidos no cumplieron la norma a la primera, pero tras el ultimátum de la autoridad electoral, reformaron las listas.

Ana Güezmes -representante de ONU Mujeres en México, y directora para Centroamérica, República Dominicana y Cuba- lo considera un logro pero advierte de que hay aún una brecha para alcanzar la igualdad real. Y para promover el liderazgo político y la autonomía económica de las mujeres en 12 Estados del país, su organismo –cuyo mayor contribuyente ha sido hasta ahora España- ha impulsado, junto con el Instituto Nacional de las Mujeres la iniciativa SUMADemocracia es Igualdad.

Pregunta: Uno de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas es que haya un 30% de mujeres en las instituciones. ¿Se va a alcanzar en México?

Respuesta: En el ámbito parlamentario creemos que sí [Ahora mismo hay un 27% de diputadas y un 21% de senadoras]. Es más, esperamos llegar a la franja de paridad, que se sitúa en el 40%. Pero nos preocupa mucho que solo haya una gobernadora en los 32 estados y un 6% de presidentas municipales cuando el ámbito local es el que debería estar más abierto a la participación femenina.

"El trabajo no remurado de las mujeres supone en México el 18% del PIB, más que la industria del petróleo"


P. En las elecciones de 2009 hubo maniobras que burlaron el espíritu de la ley [el caso conocido como de las Juanitas, mujeres que cedieron en pocos días su escaño a hombres, sus sustitutos en las listas]. ¿Puede repetirse?


R. El caso de las Juanitas no puede repetirse porque una resolución electoral obliga ahora a que el sustituto sea del mismo sexo que el candidato. Además se ha generado una corriente de opinión muy positiva hacia la idea de que no haya simulación, mujeres de todas los ideologías se han unido para exigir más justicia en el acceso a los cargos de participación popular y los partidos han cumplido finalmente la ley, lo que crea un buen escenario para que estas cosas no vuelvan a suceder.

P. Y por primera vez hay una candidata con posibilidades reales de llegar a la presidencia. Se supone que es una buena noticia…

R. ONU Mujeres no apuesta por una candidata porque sea mujer, hay que analizar los programas. Lo que buscamos es menos barreras y más oportunidades para que las mujeres se puedan postular en igualdad de condiciones que los hombres. Sin duda, que haya mujeres en estos puestos ciertamente es un reconocimiento a su trabajo y abre puertas para que otras se animen.

P. México tiene un marco legislativo muy sólido a favor de la mujer pero una cosa es lo que dice la ley y otra la situación real…

R. Sí, hay una brecha. Sólo 3 de cada 10 mujeres perciben ingresos propios en comparación con 7 de cada 10 hombres y ellas hacen el doble de trabajo doméstico. Es el primer país de América donde se ha cuantificado esa labor y resulta que el trabajo no remunerado de las mujeres constituye el 18% del PIB: más que la industria del petróleo. Y si además de mujer eres indígena, pobre y vive en una zona rural, las oportunidades para participar y desarrollarte económicamente son muy limitadas.

P. Incluso hay veces que es la propia ley la que establece la discriminación. Como en aquellos Estados donde se sigue contemplando el feminicidio atenuado por cuestiones de honor.

R. Disminuir la pena por emoción violenta o razones de honor, como hacen algunos Estados, es contrario a todos los tratados de derecho internacional. Justamente estamos trabajando con el Senado en la reforma integral al Código Penal Federal que homogenice el delito de feminicidio y no sea cada territorio el que lo defina.

P. Resulta paradójico que Latinoamérica, que ha alcanzado altas cotas de liderazgo femenino (Brasil, Argentina y Costa Rica tienen presidentas), tenga la tasa más alta de crímenes machistas

R. No podemos afirmar eso tan tajantemente. En América Latina ha habido un gran esfuerzo por hacer visible y medir un problema que antes era privado y desarrollar una legislación al respecto, algo que quizá no ha sucedido en otros continentes. Sin embargo, es verdad que la violencia contra las mujeres es la más extendida violación de derechos humanos e impide el progreso. Necesitamos una región más incluyente y esperanzadora y la participación de las mujeres es más necesaria que nunca. Como dice Michelle Bachelet, directora de ONU Mujeres, “el tiempo es ahora”.

Esclavas sexuales por un bocadillo

Desarticulado en Alicante un grupo que obligaba a mujeres a prostituirse en La Vega Baja


La Policía Nacional ha dado un nuevo golpe a la mafia rumana dedicada a prostituir mujeres, la mayoría compatriotas y otras del resto de países del Este de Europa, en condiciones rayanas en la esclavitud. Las mujeres que caen en las redes de estos grupos de proxenetas son objeto de graves vejaciones que laminan no ya su condición femenina, sino humana. La banda desarticulada en Alicante operaba en el ámbito de La Vega Baja y su brutal seña de identidad era obligar a las mujeres a prostituirse 16 horas al día (entre las 6 de mañana y la una de la noche) a cambio de un bocadillo y a plena intemperie, en las rotondas de las carreteras locales de la comarca. “La mayoría presentaba quemaduras en el cuerpo debido a los largos periodos de exposición al sol”, señalan fuentes policiales.


La red, a igual que las decenas de grupos similares desarticulados en los últimos años, captaba a las mujeres bajo la promesa de falsos empleos en España.


El grupo de proxenetas desarticulado en La Vega Baja estaba integrado por siete individuos, cuatro hombres y tres mujeres, todos de nacionalidad rumana. La banda contaba con una estructura jerarquizada y un detallado reparto de tareas. En la cúpula se situaba el cabecilla, que en el momento de las detenciones se encontraba en prisión, dos lugartenientes y cuatro prostitutas. Estas últimas, también explotadas sexualmente por la red, realizaban labores de vigilancia y control del resto de mujeres obligadas a prostituirse.

Las víctimas tienen quemaduras por horas y horas al sol en las rotondas.

La policía no ha podido cuantificar el número de mujeres que ha explotado el grupo, y se ha limitado a señalar que la banda operaba desde hace tres años. No obstante, sí ha precisado que entre las mujeres captadas no había ninguna menor, “siempre esperaban a que alcanzaran la mayoría de edad para prostituirlas”, señalan las mencionadas fuentes policiales. Las mujeres que fueron arrestadas, cuyo número tampoco ha sido facilitado, con motivo de la desarticulación de la red mafiosa han quedado en libertad.
Los proxenetas reclutaban a las mujeres en su país de origen. La red tendía sus tentáculos entre las jóvenes de familias en ruina económica, haciendo valer en muchos casos vínculos de amistad, vecindad e incluso familiares.
A todas les ofrecían el mismo e idílico panorama en España si se iban con ellos, es decir, un trabajo digno y remunerado. Sin embargo, nada más pisar el territorio español se daban de bruces con la cruel realidad que les esperaba. Ni rastro de un puesto de trabajo. En su lugar, los proxenetas, tras retirarles la documentación, las distribuían por las distintas rotondas de las carreteras comarcales de La Vega Baja, y las obligaba a ejercer la prostitución durante maratonianas jornadas y a cambio de cinco euros, con los que apenas podían asegurarse un bocadillo al día.


La banda no tenía ningún escrúpulo con las mujeres. Les incautaban todo el dinero que podían obtener de los clientes y, además, las conminaban a seguir prostituyéndose sin descanso bajo amenazas, a ellas o sus familiares en sus países de origen. La que se resistía era objeto de agresiones físicas (puñetazos y patadas, básicamente).


Y como colofón al cúmulo de vejaciones y malos tratos, los proxenetas agredían sexualmente a sus víctimas.


FUENTE: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/04/04/valencia/1333540819_482360.html

COMIDA CON... OLAYINKA KOSO-THOMAS


Koso-Thomas: “Los hombres quieren controlarnos”


Nació “con suerte” y pelea para que su excepción sea la regla. Olayinka Koso-Thomas (Abeokuta, Nigeria, 1936) lleva décadas de lucha contra la mutilación genital femenina, una práctica endémica en 28 países de África incluido el suyo de adopción, Sierra Leona. Por eso, esta médica recibió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación en 1998. Por eso, no tira la toalla en una guerra “lenta y dura” contra una de las muestras más infames de la desigualdad.
La “suerte” de Koso-Thomas fue llegar al mundo en una familia de religión anglicana: “Eso me salvó de ser mutilada”. La suerte, también, le permitió otra excepción: estudiar en una universidad británica. Con el diploma, se instaló con su marido sierraleonés en Freetown. En su trasiego por los hospitales, envuelta por el dolor de las mujeres, empezó a hacerse preguntas. ¿Por qué las infecciones, las sangrías, los daños psicológicos y hasta las fístulas obstétricas que provocan incontinencia urinaria y se castigan con el ostracismo de la víctima? Por la mutilación genital femenina. Esa era la respuesta.


 Koso-Thomas, cuyo nombre de pila significa “rodeada de honor y riqueza” —“de lo segundo, nada”, dice riendo— empezó la lucha en solitario. En 1984 logró el apoyo de Naciones Unidas para actuar contra esta práctica “tradicional, no religiosa”. De ello ha hablado en el II Encuentro de Mujeres que Transforman el Mundo, en Segovia.


“Hay tradiciones buenas, como dar el pecho a un bebé durante año y medio, y tradiciones malas, como la mutilación. Esas hay que cambiarlas”, plantea esta doctora cuya organización, Comité Interafricano de Prácticas Tradicionales que Afectan a las Mujeres, recorre las aldeas para forzar el cambio de costumbres. “Pedimos permiso al jefe del poblado para hablar de salud. Cuando logramos reunir a las mujeres solas, les hablamos contra la mutilación”, relata. Pero en ellas suelen encontrar incomprensión. “Creen que no casarán a sus hijas si no les hacen ablación”, explica. Además, la dote será mayor por una mujer mutilada: “También es un negocio”.


La activista asegura que la lucha contra la ablación femenina es “lenta y dura”

Hay que convencer a los hombres, a las mujeres, incluidas las parteras, y a las sociedades secretas que alientan esta práctica “asentada en el poder de los hombres sobre las mujeres”. “Ellos quieren controlar nuestras vidas. Se creen que son regalos de Dios para nosotras y disfrutan sometiéndonos. Las mujeres deberían disfrutar con el sexo y tener orgasmos, pero entonces los hombres no controlarían su sexo”, detalla esta feminista que elogia los pequeños platos del menú. No deja miga en el plato y anima a su interlocutora a que coma. Recobra el humor al resumir: “Los africanos creen que las mujeres solo valen para las tres b: babies, bed and breakfast (niños, cama y hacer el desayuno)”.

“Es más difícil ser mujer en África que en Europa”, reflexiona. La diferencia la marcan “la libertad y la educación”. En esta última confía Koso-Thomas para lograr que “en 2025” la ablación sea algo residual. “Si se acabó con el vendaje de pies de las niñas en China, ¿por qué no acabar con la mutilación genital en África?”.

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