lunes, 3 de diciembre de 2012

“Su mujer está abandonando Arabia Saudí”

Los saudíes reciben SMS cuando sus esposas, hijos o empleados dejan el país

“Su esposa ha cruzado el control de pasaportes del aeropuerto de Riad”, avisaba el SMS del Departamento de Inmigración de Arabia Saudí. El receptor y su mujer, que estaban a punto de coger un avión juntos, no daban crédito. ¿A qué venía tal preocupación por parte de las autoridades? La difusión de su caso en Twitter ha sacado a la luz el descontento de muchos saudíes con el trato de segunda clase que el Reino del Desierto da a sus ciudadanas.
“Las autoridades están usando la tecnología para vigilar a las mujeres”, ha denunciado Badriya al Bishr en el diario Al Hayat. La medida da pie a la activista para criticar “el estado de esclavitud en el que se mantiene a las mujeres” en Arabia Saudí, un país en el que necesitan el permiso del padre o del marido para trabajar o viajar, y el único del mundo que les prohíbe conducir. Pero ni el sistema es nuevo ni se ha implantado para controlarles específicamente a ellas. Los cabezas de familia reciben avisos cada vez que sale del país uno de sus dependientes, incluidos los empleados extranjeros bajo su patrocinio. También en otros países de la zona.

Hace un par de años que Eman al Nafjan contaba como al irse de vacaciones descubrió que su marido recibía un mensaje en el móvil cada vez que ella viajaba al extranjero. “Soy una mujer adulta que ha estado ganando su propio sueldo durante más de una década, pero para el Gobierno saudí, sigo siendo una ‘dependiente’ hasta el día que muera debido a mi sexo”, se quejaba entonces en su blog.

La misógina legislación saudí considera a las mujeres eternas menores de edad. Todas sin excepción necesitan tener un mehram, guardián o custodio legal, que además del marido, puede ser el padre, un hermano e incluso un hijo menor: cualquier varón con quien el grado de parentesco haga imposible el matrimonio. Se las inscribe en su carné de identidad y hasta fechas recientes no tenían derecho a tener un DNI propio. En consecuencia, la norma que exige que los dependientes cuenten con autorización para salir del reino, incluye a las mujeres.

Los polémicos SMS son el resultado del programa de servicios electrónicos (denominado Absher) que el Ministerio del Interior introdujo el pasado abril para facilitar su atención a los ciudadanos. Tras completar un formulario que incluye el número de móvil, el nuevo sistema permite, entre otras cosas, obtener de forma telemática el permiso de viaje para los dependientes. Esa gestión que hasta entonces requería personarse en la oficina de pasaportes y se reflejaba en una hoja amarilla, queda almacenada en base de datos del Departamento de Inmigración. Cuando el autorizado pasa el control de pasaportes, envía el aviso.

“Antes había que inscribirse para obtener ese servicio, pero ahora cualquier [hombre] saudí con personas a su cargo recibe esos mensajes”, explica Al Nafjan en un e-mail. Eso afecta tanto a los miembros de su familia como a los trabajadores extranjeros cuya entrada en el país haya esponsorizado, un controvertido sistema que las organizaciones de derechos humanos critican periódicamente.

“¿Por qué no colocamos un microchip a nuestras mujeres para saber dónde están?”, propone sarcásticamente un tuitero. “Si necesito un SMS para saber que mi mujer está saliendo de Arabia Saudí, o estoy casado con la mujer equivocada o tengo que ir al psiquiatra”, escribe otro. El debate se ha centrado en el control sobre las esposas que permite el nuevo sistema, pero el problema está en los valores patriarcales que hay detrás y que convierten a los saudíes en dueños virtuales de sus mujeres y sus empleados. En Qatar o en Emiratos Árabes Unidos, donde las autoridades alientan la participación de la mujer en la vida pública, no se ha suscitado una discusión semejante a pesar de contar con servicios de aviso similares.

FUENTE:http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/30/actualidad/1354292842_256476.html

El machismo pone puertas al campo

La mujer es discriminada y desplazada de la campaña de recogida de aceituna

Hasta no hace mucho tiempo, para trabajar como jornalera en la campaña de recogida de la aceituna había que ir acompañada de un hombre. Los empresarios pretendían así compensar la nunca demostrada desigualdad física entre sexos en los tajos. Esa barrera ya se había dado por superada, pero este año ha irrumpido una discriminación aún mayor para las mujeres: como el trabajo es escaso por la caída de la cosecha, el poco que hay es para los hombres y las aceituneras tienen poco menos que imposible encontrar un jornal a no ser que lo hagan en fincas familiares.

Es lo que ocurre, por ejemplo, en Villargordo, una pequeña localidad jiennense con más de 900 desempleados (el 37% de su población activa) y donde las mujeres solían acudir en masa a la aceituna. Este año más de la mitad no lo hará. “Nos dicen que con los hombres se apañan y que no hay trabajo para nosotras”, asegura la jornalera Eva Serrano. Ella al menos tiene la suerte de que su marido sí trabaja, pero otras muchas sufren por partida doble el paro en sus hogares. El Ayuntamiento ha tenido que abrir un comedor social para garantizar una comida diaria a los más pequeños.

La campaña de recolección de la aceituna, la que más empleo suele dar en el campo andaluz, se ha generalizado esta semana en prácticamente todas las zonas productoras de la comunidad. Va a ser la peor cosecha desde 1995. La producción ha caído por encima del 75% en Jaén, la provincia olivarera por excelencia, por culpa de la sequía del último año. Los sindicatos estiman que se perderán más de nueve millones de jornales, la mitad de ellos en Jaén. Esta situación ha agudizado las tensiones laborales en el campo. Y, como era previsible, además de los inmigrantes, reducidos este año a la mínima expresión, las mayores víctimas son las mujeres.

La recogida de la aceituna ha sido donde la mayoría de las jornaleras encontraba las 35 peonadas necesarias para optar al subsidio agrario. Y más este año al fallar también la vendimia y la recolección del espárrago. Por tanto, si no hay trabajo tampoco habrá subsidio. Lo cuenta Inma, una jornalera de Jódar (Jaén). “No solo me han echado del tajo al que acudía cada año sino que me será imposible alcanzar las 35 peonadas, es una doble discriminación”, cuenta. Más problemas aún tendrá una paisana suya, Susana Collado, que al ser menor de 25 años y no tener hijos, debe acreditar 53 jornales. “Y encima el paro se me ha acabado esta semana”, se lamenta.

La discriminación de la mujer en el campo no es algo baladí. El 55% de los 468.000 afiliados al Régimen Agrario en Andalucía son mujeres, al igual que son mayoría las que cobran el subsidio agrario (92.000 frente a 51.000 hombres a finales de septiembre). “Esa discriminación es una vuelta de tuerca más hacia actitudes arcaicas e impropias del siglo en el que estamos”, se lamenta Antonio Marcos, secretario de la Federación Agroalimentaria de UGT en Jaén. El sindicato quiere denunciar ante la Inspección de Trabajo a las empresas que discriminan.

Los empresarios, por su parte, niegan la mayor. “Hoy el campo se ha mecanizado mucho y la mano de obra se ha especializado, y son los hombres los que más se han profesionalizado”, justificó en su día Luis Carlos Valero, gerente de la patronal agraria Asaja en Jaén. Pero la realidad dice que tuvieron que pasar muchos años para que la patronal equiparara el salario de hombres y mujeres en los olivares. Y todavía hoy existe una discriminación encubierta a la hora de pagar, ya que los hombres se benefician de las nuevas categorías creadas en el convenio del campo. “Al hombre se le paga por llevar la vara mecánica o la vibradora a pesar de que es una tarea que también realizamos las mujeres”, comenta Juana Castro, una aceitunera de Arbuniel. Ella sí ha encontrado trabajo en el olivar, pero gracias a que iba con su marido.

FUENTE:http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/12/02/andalucia/1354449014_614999.html

La discriminación indirecta también daña

Una sentencia de la UE obliga a replantear las pensiones a tiempo parcial


Otro jarro de agua fría de agua fría en el Ministerio de Empleo. Esta vez no son los datos negros del paro, sino la discriminación. Cuando las cuentas del sistema de jubilaciones atraviesan un mal momento, ha llegado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea con una sentencia que fulmina la manera de calcular las pensiones de quienes trabajan a tiempo parcial. Lo hace con un argumento que pocos manejan: la discriminación indirecta por razón de sexo. Es decir, la que causan medidas aparentemente neutras pero cuya aplicación pone en desventaja a un sexo frente a otro. Porque mujeres son tres de cada cuatro empleados a tiempo parcial. Y conseguir un retiro con ese régimen puede ser imposible.

Es lo que le ha pasado a la ciudadana que ha puesto en la picota la legislación española. Se trata de Isabel Elbal, una limpiadora que se encargó de asear la escalera de una finca durante 18 años a razón de cuatro horas por semana. Se le denegó la pensión porque solo se computan las horas trabajadas, que equivalían a algo menos de tres años. Según el Tribunal, la mujer habría debido cotizar “100 años” con la jornada que tenía para cubrir los tres lustros de cotización obligatorios para cualquier trabajador y lograr así 112,9 euros al mes. “Las horas trabajadas a tiempo parcial se suman y se dividen por cinco para calcular los días trabajados. Si no se alcanzan los 15 años completos, no se tiene derecho a pensión”, detalla José Luis Tortuero, catedrático de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Complutense. “Este sistema deja a mucha gente sin pensión”, advierte.

Los togados van más allá: a partir del caso de Elbal declaran que la legislación española sobre jubilaciones de trabajadores a tiempo parcial es contraria a la directiva de igualdad de trato entre mujeres y hombres en materia de seguridad social. ¿La razón? Existe una discriminación indirecta en la normativa, ya que su aplicación perjudica en mayor medida a un sexo: “En España al menos el 80% de los trabajadores a tiempo parcial son mujeres”, señala el tribunal con un dato anticuado: ahora son el 74,3%. Con la sentencia —que deben tener en cuenta los jueces ante casos similares— aún caliente, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social ha optado por llamar a los agentes sociales para estudiar el fallo —sobre el que cabe recurso— antes de tomar una decisión. “Veremos cómo se interpeta y las implicaciones que tiene para el sistema”, dicen en el ministerio. Su idea es que cualquier cambio debe supeditarse a la sostenibilidad del sistema. El grueso de la normativa sobre la jubilación de trabajadores a tiempo parcial lleva sin modificar desde 1985, afirman en Empleo. Octavio Granado, exsecretario de Estado de Seguridad Social con Rodríguez Zapatero, asegura que se intentó, sin éxito, corregir este viejo problema: cayó de la agenda a cambio de otras contrapartidas.

Ahora ya no se puede mirar para otra parte y los sindicatos mayoritarios celebran el fallo. “La sentencia reconoce que el trabajo a tiempo parcial, que los sucesivos gobiernos alientan para las mujeres, genera menos derechos”, plantea la secretaria para la Igualdad de UGT, Almudena Fontecha. “Exigiremos que se aplique aunque las arcas de las pensiones no estén en su mejor momento”, añade. “Hay que reestructurar el tiempo parcial de arriba abajo. Es muy discriminatorio y genera muy poca protección social, además de salarios muy bajos”, plantea la secretaria confederal de la Mujer de CC OO, Carmen Bravo. Como Fontecha, achaca la tardanza en resolver el problema a que este tipo de contratos “están predestinados para las mujeres”. La patronal CEOE guarda silencio.

El trabajo a tiempo parcial, una modalidad minoritaria pero en alza, se conjuga en femenino: casi una de cada cuatro empleadas (23,6%) lo están a tiempo parcial, mientras que en esta situación están solo el 6,7% de los varones, según la Encuesta de Población Activa. En total, 638.400 hombres (de un total de 9,4 millones de ocupados) y 1.850.100 mujeres (de 7,8 millones) tienen este régimen, aunque la mayoría no lo desea.

Lo deja claro la Encuesta de Población Activa: el 66,7% de los hombres y el 56,8% de las mujeres tienen este tipo de empleo porque no han podido acceder a uno a tiempo completo. Para ellas, la segunda razón es el cuidado de niños o mayores y otras obligaciones familiares o personales: el 21% esgrime alguno de esos motivos, frente al 2,8% de los varones. Ese fue, también, el caso de Isabel Elbal. “Tenía que cuidar de mis hijos y mi suegra. Mi marido trabajaba y si me metía en una empresa no podía hacer todo eso. Era la forma de sacar a la familia adelante”, declaró a este periódico.

Además de las tareas domésticas y de cuidado,  en el trabajo a tiempo parcial femenino pesan factores como la fuerte segregación laboral —las mujeres son mayoría en el sector servicios, el área donde más abunda este tipo de contratos— o la menor consideración del trabajo femenino, aún considerado aún como “una ayuda” en lugar de como un ingreso principal, señala Bravo. Este régimen favorece la supervivencia del reparto tradicional de papeles por sexo.

“Es la pescadilla que se muerde la cola. Las mujeres aceptan más fácilmente que los hombres el trabajo a tiempo parcial porque le prestan más atención a los cuidados familiares, ya les venga bien, ya no les quede más remedio”, afirma el exresponsable de Seguridad Social. “Si el reparto de los cuidados fuera más equilibrado, si hubiera corresponsabilidad, y también servicios de cuidado asequibles, las mujeres estarían igual que los hombres. El mercado de trabajo es funcional. Responde a una situación de discriminación en la sociedad”, afirma Granado.

El trabajo es, también, llave de muchas puertas. “Además de aportar independencia económica o socialización, es fuente de derechos como la pensión y la prestación por desempleo”, señala Fontecha. Y las mujeres, con puestos más precarios, salen peor paradas, sostiene. Cita como ejemplo que ellas cobran menos la prestación por desempleo y su cuantía es inferior.

En las pensiones contributivas, donde la brecha por sexo es grande —debido en gran medida a las décadas en las que el hogar era el destino femenino por excelencia—, aún no se dejan sentir los efectos del trabajo a tiempo parcial “por ser una modalidad relativamente nueva”, explica la catedrática de Economía Aplicada Cecilia Castaño, de la Universidad Complutense —la Seguridad Social carece de datos sobre ello, según un portavoz—. De los 4,5 millones de pensiones que reciben las mujeres, la mayoría son de viudedad (2,1 millones) seguidas de las de jubilación (1,9 millones). En cambio, entre los varones (4,3 millones de pensiones) dominan las de jubilación (3,4 millones) y las de viudedad son casi una anécdota. En el caso de las pensiones por jubilación, vinculadas a la vida laboral, los varones cobran de media 816 euros, y las mujeres, 664. Ellas cotizaron menos.

Con este panorama y el trabajo a tiempo parcial en aumento, ¿qué hacer tras el varapalo del tribunal de Luxemburgo? “Debería obligar a modificar el sistema. El trabajo a tiempo parcial no debe tener una penalización múltiple: poco sueldo, poca pensión y, encima más tiempo para poder acreditar los periodos de cotización”, responde el catedrático Tortuero. “Si este tipo de contratos los utilizaran más los hombres, seguro que tenían otra regulación”, plantea Castaño.

“Esto es algo que nos va a costar o en términos de cotización, o en términos de equidad”, responde Granado. Contempla dos “posibles soluciones”. La primera es una mayor contributividad, un sistema que se sigue en países como Francia: la pensión se calcula a partir de las horas trabajadas, se adquiere el derecho a percibirla tras un año de tarea y la cuantía depende del tiempo cotizado. “Otra solución, más justa, es la que se aplica en Holanda, uno de los países con más trabajo a tiempo parcial. El Estado completa la cotización de estos trabajadores”, prosigue. “La Seguridad Social es el único mecanismo de reequilibrio de rentas”, recuerda.

María Ángeles Durán, catedrática de Sociología e investigadora, ve la salida en un cambio de conceptos. “Vivimos en una sociedad en la que la cobertura de muchos riesgos está vinculada con el mercado de trabajo: el empleo genera pensión, sanidad y da acceso preferente a muchos derechos. El problema es que cada vez hay mayor proporción de población no vinculada a él, sobre todo jóvenes y personas mayores”, observa. “No se puede relacionar en exceso la protección de los ciudadanos y sus mecanismos de participación en la vida social a su participación en el mercado de trabajo”, plantea. “Hay que inventar fórmulas que den cobertura y participación social al margen del mercado de trabajo y tener en cuenta al trabajador complejo”. “Las mujeres lo son, porque desempeñan varios papeles sociales, como el trabajo remunerado y el de cuidados”, detalla. Quizá así acabaría esta pauta que cita Tortuero: “Un trabajo a media jornada genera la mitad de pensión que uno a jornada completa”.

FUENTE:http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/30/actualidad/1354299187_604384.html

La ‘otra’ mujer de Barack

Valerie Jarrett está detrás de cada decisión que toma el presidente de Estados Unidos

VJ dice; VJ piensa. Ambas anotaciones se leen en cada informe o memorándum que el personal de la Casa Blanca prepara para Barack Obama. VJ es ubicua. VJ está detrás de todas y cada una de las decisiones que toma el presidente de Estados Unidos. Desde quién se sienta en el Tribunal Supremo hasta qué dirección tomar en cuanto al matrimonio gay. VJ es Valerie Jarrett, 56 años, amiga personal de los Obama desde hace más de dos décadas, la mujer que introdujo a la entonces joven pareja en la flor y nata de la sociedad negra de Chicago. Jarrett ofreció –como cercana colaboradora del alcalde de la ciudad, Richard Daley- un trabajo a Michelle Obama en el Ayuntamiento. Pero con quién más tarde conectó fue con Barack, a quien introdujo en los círculos necesarios para acceder a la legislatura de Illinois, primero, y llegar al Senado de EE UU, después. Desde allí, la ascensión a la Casa Blanca del joven senador negro fue meteórica.

Cuando el presidente abandona el Ala Oeste de la Casa Blanca para cruzar el edificio hasta la residencia, VJ hace el camino con él. No lo hace nadie más. El resto de colaboradores no traspasan esa línea imaginaria, pero Jarrett cena con el matrimonio y comparte confidencias cuando ya entra la noche. VJ va de vacaciones con los Obama y su familia. Cuando el verano pasado una agencia rebajó la deuda de EE UU, al lado del presidente no estuvo el secretario del Tesoro, sino Jarrett, quien celebraba junto a Obama su cumpleaños en Camp David.
Oficialmente, su título en la Administración Obama es rimbombante y vacuo: Asistente del Presidente para Participación Cívica y Asuntos InterGubernamentales. Lo que quiere decir mucho y no quiere decir nada. Decir que Valerie Jarrett es la mujer con más influencia en Washington, ya se hace más concreto y real. VJ ocupa el despacho que Hillary Clinton forzó a que le concedieran en el Ala Oeste cuando su marido era presidente y que luego ocupó Karl Rove, la materia gris de la oscura presidencia de George W. Bush.

VJ tiene acceso a todas las instancias de la Casa Blanca; aparece en las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional; en encuentros económicos y planificación del presupuesto. Siempre está un paso detrás de Barack –solo tres personas se dirigen a él así, por su nombre de pila, en la Casa Blanca: Michelle, su esposa, Marian Robinson, su suegra, y Jarrett- para aconsejarle qué hacer y en ocasiones qué pensar.

El presidente Obama canceló hasta tres veces la operación para capturar y matar a Osama Bin Laden antes de dar luz verde no porque escuchara a sus asesores militares, al Departamento de Estado o al de Defensa, si no porque VJ creía que le podía perjudicar políticamente, según el libro Leading From Behind, de Richard Miniter.

Dicen que Obama la utiliza como su conciencia de izquierdas y que para el resto del equipo presidencial es “la protectora en jefe del presidente” (president´s protector in chief). “Estás dañando al presidente”, cuentan que se puede oír al otro lado del teléfono la voz de Jarrett cuando realiza una llamada a última hora de la noche para advertir a alguien de que está perjudicando a Obama y sus políticas. VJ no tiene entonces piedad cuando otea en el horizonte la marca de la traición.

Uno de los entretenimientos en los ratos ociosos –pocos- del staff de la Casa Blanca es etiquetar la psicología de la relación de Jarrett con Obama. ¿Es JV la madre o la figura de una hermana mayor que como hijo único que creció, además alejado de sus padres, Obama nunca tuvo?

Madre soltera, hija de una prominente familia negra de Chicago, los colaboradores más cercanos del presidente dicen de ella que es “los ojos, la nariz y los oídos” de ambos Obama. La amiga más cercana del matrimonio, su consigliere.

FUENTE:http://elpais.com/elpais/2012/11/30/gente/1354299626_743880.html

Muere una mujer tiroteada por su marido y otra resulta herida en una reyerta

Una mujer de 23 años ha muerto tiroteada por su marido y otra ha resultado herida en el transcurso de una reyerta que tuvo lugar este sábado entre varias personas en el distrito madrileño de Villaverde, según ha informado este domingo la Jefatura Superior de Policía.

Tras los disparos, el hombre la llevó hasta un hospital y la dejó abandonada en la puerta. El suceso ocurrió ayer poco antes de las siete de la tarde en la avenida de Los Rosales cuando, por causas que se investigan, un grupo de personas inició una discusión en la que un hombre identificado por los testigos como Ángel M.F., de 24 años, disparó en dos ocasiones.

En la primera hirió a una mujer de 24 años en un muslo y en la segunda a su propia mujer, de 23 años.

FUENTE:http://noticias.terra.es/sucesos/muere-una-mujer-tiroteada-por-su-marido-y-otra-resulta-herida-en-una-reyerta,4e6bde0e2675b310VgnCLD2000000ec6eb0aRCRD.html#tarticle

Sentirse culpable por ganar más que la pareja

Muchas mujeres sostienen económicamente a sus familias, una situación que, todavía hoy, sigue acarreando graves problemas en algunas relaciones

Envidia, celos, infidelidades, excesiva dependencia... se trata de algunos de los problemas más comunes en una pareja y que, en algunas ocasiones, pueden suponer el punto y final de la que podría ser una relación sana y duradera, pero que en otros casos pueden tener fácil solución. La finalista de un Premio Planeta, Marta Rivera de la Cruz, y la directora del equipo de inteligencia emocional de la Fundación Eduardo Punset, Carmen Loureiro, estudian en «Maldito Amor»(Ed. Oniro) diez de las trabas más comunes que pueden presentarse en toda relación sentimental e intentan aportar soluciones y formas de aprender de nuestros errores sentimentales.

De entre los problemas analizados, la envida en la pareja es quizá uno de los más preocupantes y habituales en los últimos años, pues la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, así como su consecución, en algunos casos, de éxitos profesionales y mayor nivel económico es, en opinión de ambas autoras, difícil de asumir por sus parejas. Así lo explica Marta Rivera, quien afirma que «hoy en día, por primera vez, hay muchas mujeres que ganan más sus maridos, una situación complicada para algunas parejas acostumbradas a que sea el hombre quien lleva el peso económico».

En este sentido, a la autora le preocupa el hecho de que «todavía seamos una sociedad inconscientemente machista. Esto significa que intelectualmente rechazamos el machismo pero, hay temas, como el económico, que son difíciles de asumir tanto por hombres como por mujeres, pues no hemos sido educados para ello. Hay hombres con 40 y 45 años que han sido preparados para tirar del carro y se encuentran con que hoy, sencillamente, no lo hacen... Eso les humilla, les avergüenza y puede acabar por matar su relación».

Sensación de culpabilidad

Por su parte, la psicóloga Carmen Loureiro opina que «todavía estamos en un momento en el que para los hombres no es algo positivo que la mujer brille más profesional o socialmente, o que gane más dinero que ellos. Esto sigue ocurriendo a día de hoy y necesitaremos muchos años para superarlo». Para Carmen, estamos lejos de alcanzar esa igualdad soñada, «en primer lugar porque los puestos de poder siguen en manos de hombres y, además, porque las mujeres también deben a costumbrarse a la nueva situación». En este sentido, la psicóloga alerta de que «muchas mujeres pueden vivir con culpabilidad al crecer más que su pareja, ya que se nos ha educado en familias tradicionales y es difícil adaptarse al cambio».

Loureiro establece varias pautas que debemos de tener en cuenta si queremos mantener una relación sentimental saludable: «Es necesario que afrontemos los problemas y los veamos como oportunidades para conocernos mejor pues, como se desprende del libro, sin conflicto es difícil que haya evolución alguna. En segundo lugar, deberíamos expresar más nuestros sentimientos para intentar encontrar solución a los problemas además de empatizar con la pareja y compartir con ella nuestras experiencias. Afrontar, expresar y empatizar son tres conceptos clave en cualquier relación».

Cómo romper con alguien

Entre las situaciones analizadas en este libro también se encuentra la difícil «papeleta» de tener que romper con nuestra pareja. Como cuenta Carmen, «es necesario dejar una relación si ya no queremos a la otra persona, pero la clave para dejar a alguien es entender que dejar de querer no significa dejar de respetar. Es verdad que muchas veces dejamos relaciones muy dolorosas y es difícil hablar de respeto o empatía, pero la mayoría de las rupturas se producen porque el intercambio ha dejado de ser positivo y nos dejamos de querer». Lo ideal, considera, sería «reconocernos con derecho a expresar ese cambio y dejar la relación, comprendiendo siempre que cuando dejamos a alguien le hacemos daño. Ser sensibles cuando rompemos será bueno para ambos miembros de la pareja».

La opinión de Marta en este sentido es que, aunque toda ruptura es dolorosa, hay personas que se niegan a asumirlo. «No puedes dejar a una persona y además quedar bien, tienes que saber que le vas a hacer daño». Además, advierte de que romper e intentar seguir siendo amigos es un craso error, por lo menos al principio. «Personalmente, creo que eso de dejarlo y quedar inmediatamente para mantener una relación de amistad es muy complicado. Debemos aceptar que la ruptura conlleva siempre dolor y hace falta tiempo para superarlo».

¿Y si somos los abandonados? La mejor manera de afrontar una ruptura es, según la psicóloga, aprendiendo a sobrellevar la tristeza. «Debemos tomar contacto con nuestros sentimientos, dar un paso adelante y sacar partido a la ruptura». Para Marta, «si algo sale mal es porque está condenado al fracaso. Tenemos que aceptar que hay amores que no son para siempre, pero que las rupturas sí lo son».

Ambas autoras coinciden en afirmar que el amor siempre tiene algo de raciocinio. «Siempre asociamos el amor a lo emocional porque conlleva emociones muy intensas -cuenta Carmen- pero el ser humano no es solo emoción». Precisamente, aclara, «la inteligencia emocional consiste en saber tomar contacto con lo que sentimos y gestionarlo de manera racional, así podremos divertirnos y disfrutar de nuestra pareja». De la misma opinión es Marta, para quien el amor «tiene una parte muy emocional que también puede estar dictada por la intelectual. Nuestro corazón no solo siente, también analiza y nos "recomienda" al que será nuestro mejor compañero».

¿Cómo hacer para que su marido colabore en las tareas de la casa?

Dividir los quehaceres domésticos según las habilidades ayuda a compartir esas rutinas

Conciliar no solo significa disponer de unos horarios laborales más flexibles y racionales que permitan cuidar de la familia, como parece ser uno de los objetivos que persigue la recién creada comisión de conciliación del Congreso de los Diputados. Conciliar también implica la corresponsabilidad familiar, es decir, compartir todas esas tareas yobligaciones que exige la vida día a día: desde llevar a los niños al colegio, o jugar con ellos, hasta planchar y hacer la compra. Y es ese precisamente un ámbito que no puede regular unas normas legislativas.

Hasta ahora ha sido la mujer quien ha llevado toda esa carga a las espaldas por un rol cultural asumido desde ancestros. Aunque el hombre avanza —son más los que colaboran, invirtiendo más tiempo— aún no es suficiente para lograr una conciliación real. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2011 así lo confirman: ellas dedican cada día dos horas y cuarto más que los hombres a las tareas del hogar.

Los acuerdos

Por eso, sensibilizar y concienciar a la pareja es el primer punto de partida para lograr un reparto equilibrado de las tareas domésticas. Ello aportará muchos beneficios personales y familiares. Dos psicólogas de pareja (Rosa Collado, del Centro de Psicología Álava Reyes, y Carmen Montoro, coordinadora del área de adultos de Isep Clínic Málaga) explican cómo conseguirlo:

—Negociar: Pedir a la pareja lo que uno desea y explicar con suavidad, sin reproches ni chantajes, nuestras emociones al llevar una sobrecarga de trabajo tanto fuera como dentro de casa. Hay que exponer la insatisfacción personal que ese desgaste produce. Algo que se podría solucionar llegando a un acuerdo para repartir las tareas. Eso aportaría ventajas como más tiempo para disfrutar juntos, con los niños...

—Cada miembro de la pareja debe cooperar de manera proporcional al tiempo del que disponga.

—Elaborar un listado de tareas. Desde las más sencillas (recoger la mesa) hasta las que impliquen más tiempo (realizar la compra) o las que exigen mayor desgaste emocional (jugar con los niños cuando uno está agotado).

—Dividir las tareas en función de las habilidades de cada uno. Al principio se podrán elegir las que más agradan, pero al final quedarán las más penosas que también hay que repartir de forma proporcional.

—Confeccionar un calendario diario con las tareas que realizará cada uno y los horarios, así no habrá despistes ni olvidos. Colocarlo en un lugar visible (en un tablón de corcho en la cocina o sujeto con un imán a la nevera). Cada uno sabrá lo que tiene que hacer en todo momento.

—Armarse de paciencia y ser tolerante con la persona que no está acostumbrada a realizar tareas de forma sistemática. Se deben respetar sus ritmos y errores.

—Una sonrisa, una mirada cómplice, un agradecimiento... ayuda mucho a quien está empezan a asumir nuevas responsabilidades. Aumentará su motivación. Además, mantener esos gestos refuerza el respeto en la pareja, lo que repercutirá en el amor.

—Los imprevistos también se deben repartir. Que no sea siempre el mismo el que se ausenta del trabajo cuando el niño enferma.

—Si las tareas no se cumplen, antes de montar en cólera, lo mejor es respirar hondo y contar hasta 300 si hace falta. Si algo no funciona, hay que revisar el plan, modificarlo y volver a probar hasta que se encuentre el equilibrio. A veces es algo tan sencillo como realizar las tareas de forma gradual, introduciendo cada semana una nueva.

—Procurar siempre que cada miembro de la pareja tenga un tiempo de ocio individual. Es una válvula reguladora del estrés, favorece el bienestar personal y el afecto en la pareja.

FUENTE:http://www.abc.es/familia-parejas/20121202/abci-compartir-tareas-domesticas-201211281513.html

8M Día internacional de La Mujer “POR TI PRIMERO”

La dificultad de  acceso de las mujeres  a puestos de responsabilidad, la feminización de los cuidados, así como la falta de corresponsabili...