Está suficientemente demostrado que para superar la pobreza el trabajo es central. No sólo por la provisión de ingresos, sino por su rol medular en la inclusión social.
Pese a ello, en Chile la participación laboral de las mujeres vulnerables aún es muy baja. Según la Casen 2011, sólo 1 de cada 4 de aquellas del 10% más pobre trabaja.
Aun cuando la misma encuesta afirma que el 51% de los hogares pobres tiene como jefa de hogar a una mujer (resaltando lo prioritario que es para este grupo contar con un empleo de calidad que permita salir de la pobreza), las condiciones en que ellas deben enfrentar el mundo del trabajo son todavía discriminatorias: reciben una proporción mucho menor del salario que los hombres con igual calificación y ejercen trabajos más precarios.
La Fundación Sol, con datos INE, ha señalado que de los 442 mil empleos femeninos generados en los últimos 34 meses, un 31% corresponde a trabajo por cuenta propia, servicio doméstico y familiar no remunerado, y que de las asalariadas, un 72% se desempeña en la modalidad de subcontratación, servicios transitorios y suministro de personal.
Para que el trabajo sea un elemento robusto de inclusión social y superación de la pobreza debe cumplir con criterios de calidad que se reflejen en el salario, la formalidad del vínculo, el pago de las imposiciones, etc.
Además, para el caso de las mujeres se debe combatir las desigualdades de género que aún limitan sus oportunidades y que nos entrampan como sociedad en la lucha de construir un país más justo, inclusivo y sin pobreza.
Carmen Gloria López , Directora Ejecutiva de la Fundación EMPLEA .
FUENTE:http://www.df.cl/cartas-al-director/prontus_df/2013-04-30/202725.html
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