lunes, 14 de abril de 2014

Casi 1.600 mujeres viven amenazadas por sus parejas en Gipuzkoa

Un total de 64 se encuentran en situación de alto riesgo Doce necesitan un escolta permanente para labores tan cotidianas como acudir al trabajo o recoger a los niños en el colegio

 

Viven atemorizadas por las amenazas de sus parejas, o ex cónyuges que no entienden que la relación se acabó. La Ertzaintza protege en la actualidad a 1.598 mujeres en Gipuzkoa, de las que 366 utilizan el teléfono Bortxa, un móvil con enlace directo al centro de emergencias policial.

La vida, con frecuencia en estos casos, se convierte en un tormento en el que resulta difícil asimilar que aquella ternura inicial se ha convertido en una pesadilla, cuando no una enfermiza obsesión. Persiste un fuerte vínculo emocional entre víctima y agresor, lo que suma aún más confusión.

La máxima expresión de esta sinrazón la encarnan las doce víctimas de la violencia de género que viven con un escolta permanentemente, según los datos facilitados a este periódico por el Departamento vasco de Seguridad, a fecha del 7 de abril.

Raro es el caso de una mujer que interpone una denuncia a las primeras de cambio. Generalmente ha sufrido lo indecible hasta que decide dar el paso. Pese a ello, son ya 1.598 los expedientes abiertos por la policía en Gipuzkoa hasta el lunes pasado. Tras ellos hay episodios de maltrato a mujeres que requieren de diferentes niveles de protección. Según las mismas fuentes, en Bizkaia se computan 2.465 casos y 572 en Araba.

Cifras dramáticas de una lacra que ha vuelto a suscitar el rechazo unánime de la sociedad, esta vez en Lasarte-Oria, donde una mujer sufrió una brutal agresión la semana pasada. La víctima se vio obligada a fingir su muerte para salvar la vida.

Ocurrió de madrugada, después de que ambos alternaran por establecimientos del municipio. Tocaba ya retirarse, y él, de 35 años, le propuso mantener relaciones sexuales a la mujer con la que salía desde hacía ocho meses.

Ella le dijo que no y la negativa desató el tormento. El hombre le propinó un puñetazo en la cara y trató de introducirla en su vehículo, quitándole la cartera que llevaba en el bolso. La mujer consiguió zafarse, salir del coche, agarrarse al capó para evitar la fuga del agresor.

El caso se ha ido conociendo a lo largo de la semana y, según ha ido trascendiendo la información, cada detalle se antojaba más escabroso.

Cegado por su ira, el varón arrancó el turismo y condujo varios metros con la víctima en el capó, hasta que sus maniobras consiguieron lanzarla al suelo.

A partir de ahí quiso atropellarla. Lo intentó varias veces, pero al verla tendida huyó del lugar. Paradójicamente, la víctima tuvo que fingir su propia muerte para sobrevivir.

Las diligencias y la detención se practicaron desde la Ertzain Etxea de Hernani, pero el sistema de protección activado para esta mujer se llevará a cabo desde Donostia donde, informan fuentes policiales, reside la víctima. El presunto agresor fue puesto a disposición del Juzgado de Violencia contra la mujer, que decretó su ingreso en prisión el martes. "Al menos lo tendremos encerrado durante una temporada", indican las mismas fuentes.

EXPLOSIONES VIOLENTAS La violencia psíquica, convertida en un proceso gradual que puede durar años, acaba minando el ánimo y la autoestima de la víctima, objeto de un sinfín de reproches. Pero hay explosiones más violentas, como la ocurrida en Lasarte-Oria, que reflejan la incapacidad de ciertas personas para aceptar una negativa. "No pueden encajar que se les diga que no quieren mantener relaciones sexuales.

No tienen tolerancia a la frustración y si a todo ello se le suma el consumo de drogas o alguna alteración psicológica, el resultado es una perdida de autocontrol. En este caso, desde luego que le podía haber matado", indica un agente consultado.

A pesar de las cifras que arroja esta lacra, durante el último año se percibe "un ligero descenso" del número de denuncias presentadas por casos de violencia de género, un giro que "parece marcar un cambio de tendencia", indica a este periódico Iñaki Elexalde, jefe de Sección de Calidad de la Secretaría General de la Ertzaintza.

Un leve cambio cuyas causas, en todo caso, no son fáciles de explicar, y no siempre son positivas. De hecho, una de la razones apuntaría a la crisis económica, que podría estar retrayendo a mujeres que dependen del sustento económico de sus parejas. Otra radicaría en que se está cerca de alcanzar el techo de casos, a lo que estaría contribuyendo el efecto de las campañas de concienciación, según aventuran desde la Ertzaintza.

MÁS DE 4.500 CASOS EN EUSKADI Se como fuere, el número de víctimas que requieren de protección policial sigue siendo una triste realidad en Euskadi, donde se registran un total de 4.635 casos, de los que 1.598 corresponden a Gipuzkoa. En Donostia son 504 expedientes abiertos, entre los que se computa tanto la violencia de género (la mujer siempre es la víctima, a manos de su cónyuge o exconyuge), y la doméstica, en la que el sujeto pasivo puede ser tanto una mujer como un hombre, por ejemplo, en el caso de un padre amenazado por su hijo.

Hecho el matiz, la inmensa mayoría de casos se corresponden con mujeres cuya seguridad se ve comprometida a diferentes niveles. Según la información facilitada, quince víctimas viven en Gipuzkoa ante una situación de "riesgo especial" debido a las persistentes amenazas de sus parejas. Doce de ellas han aceptado llevar escolta, un servicio que la Ertzaintza subcontrata a empresas de seguridad. "No quiere decir que estén pegadas a él, pero qué duda cabe que viven en condiciones penosas. Estamos hablando de situaciones serias en las que el agresor está a la espera de juicio o acaba de salir de prisión y ha protagonizado alguna amenaza pública", expone Elexalde. En otros casos, aunque la víctima no pida escolta sí puede hacerlo una instancia judicial.

Lo que sí han solicitado 366 mujeres en Gipuzkoa es el teléfono Bortxa, con el que las víctimas se mantienen en permanente contacto con los agentes policiales. El jefe de Sección de Calidad de la Secretaría General de la Ertzaintza explica que pulsando un solo botón de este móvil, la comisaría de la zona y el 112 reciben la alerta. "Incluye otro botón que llamamos antipánico. Activándolo, además de escuchar a la víctima, podemos saber donde se encuentra gracias al geolocalizador con GPS que incorpora". En ese sentido, recuerda el caso de una mujer que fue perseguida en coche por su agresor, que le seguía tratándole de echar de la carretera. "Ella estaba tan nerviosa que no acertaba a describir el lugar en el que se encontraba. Gracias a que pulsó el botón, pudimos localizarle", rememora.

PROTECCIÓN MÁS EFICAZ Desde el año 2002, la Ertzaintza tiene reglados sus procedimientos de actuación para prevenir y hacer frente al maltrato hacia las mujeres. Para ofrecer una protección más eficaz, en 2006 se solicitó la colaboración de la UPV/EHU para diseñar una herramienta técnica capaz de determinar los indicadores de riesgo.

Se llama nivel básico cuando hay una baja probabilidad de sufrir nuevos episodios violentos. Baja, pero existente. "En esos casos, les mostramos un vídeo que explica en qué consiste el ciclo de la violencia de género. Hay que precisar que no estamos hablando de un ladrón ocasional sino del marido, el padre de los hijos de la víctima, un agresor que antes se comportaba con ternura". Gracias al visionado de esas imágenes, explica Elexalde, las mujeres comienzan a comprender que las emociones que les embargan, muchas veces contradictorias, son perfectamente normales. También se les explica cómo autoprotegerse en caso que sea necesario. Ese nivel "básico" de riesgo afecta en la actualidad a un total de 1.216 mujeres en Gipuzkoa.

A las víctimas que tienen alguna probabilidad de que sus parejas vuelvan a agredirlas, se le ofrece la posibilidad de acompañarles al juzgado. La celebración del juicio rápido apenas da tiempo suficiente para reponerse del calvario y el acompañamiento se antoja necesario. Un total de 303 mujeres se encuentran en esa situación. En alto riesgo de volver a ser agredidas se encuentran 64 víctimas. Los agentes hacen vigilancia de sus rutinas. "Se realiza de forma visible, es decir, una patrulla y agentes uniformados acuden a la salida de la ikastola cuando va a buscar a los niños o cuando entra y sale del trabajo. Se trata de estar presente en los momentos que puede estar más desamparada. Los agentes están a la vista, porque en realidad esas labores tienen básicamente un componente preventivo", detalla el agente policial. Las justicia ha impuesto, además, ocho pulseras electrónicas a los agresores.

Todas estas cifras reflejan el esfuerzo desplegado por la Er-tzaintza ante una tipología delictiva que no es precisamente fácil de detectar.

Las encuestas realizadas a las víctimas de esta lacra revelan un alto grado de satisfacción con respecto a la atención prestada.

Fuente: Noticias de Guipuskoa

 

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