- Solo el 1,5% de los familiares denuncian. Expertos piden activar la prevención en el entorno de las víctimas. "Las campañas de sensibilización deben dirigirse a los familiares, que tienen una responsabilidad", dice el psicólogo Jesús Gómez.
- "Las familias viven con la misma ceguera que las víctimas. Por eso minimizan la violencia", señala el psicólogo Juan Molina. También, silencian la realidad por vergüenza.
Los padres de Noelia no pueden desprenderse de la culpa corrosiva que les hace preguntarse por qué no supieron ver la llamada de socorro. Un sentimiento que acompañan al desgarro y dolor de perder a una hija de 19 años, asesinada por su novio David, de 24, que le disparó y luego se quitó la vida. Pasó hace diez años en un pueblo costero de Andalucía.
Los padres de Noelia se preguntan una y otra vez cómo no se dieron cuenta del sufrimiento de Noelia; cómo no hicieron nada para protegerla de un maltratador asesino, según cuenta el personal psicológico que les atiende y que les traslada este mensaje: deben enterrar el sentimiento de culpa. Porque ellos, los padres y la familia de Noelia, vivían la misma ceguera que su hija.
A veces, el maltrato es invisible. Carmen no sabía que su hermana Josefa estaba siendo maltratada psicológicamente y acosada. No lo supo hasta que fue asesinada por su pareja: "No había malos tratos físicos continuados. Hubo empujones y mucha violencia psicológica. Pero ella no mostraba nada, parecía tener una buena relación y en la familia no fuimos conscientes de la realidad", cuenta Carmen, que lidera un colectivo de familiares de víctimas de la violencia machista en Córdoba.
Juan Molina, jefe de sección de la Delegación de Igualdad en Chiclana, lleva más de 20 años dedicado a tratar a víctimas y familiares de la violencia machista. Este psicólogo no encuentra una explicación única a por qué solo el 1,5% de las familias de las víctimas denuncian el maltrato de género. El especialista avisa: esta lacra social es demasiado compleja, poliédrica y tiene como germen una cultura machista; una sociedad que se ha acostumbrado a normalizar situaciones de dependencia emocional, de control, de relación patriarcal. Es en este contexto donde hay que analizar la realidad de las familias de las víctimas.
"El entorno vive en un ambiente de confusión e imaginario emocional similar al de las víctimas.
Porque, como ellas, viven en una sociedad donde la violencia machista es mucho más sutil y muy grosera, donde se han normalizado las relaciones de dependencia emocional y existe una histórica relacional de poder del hombre que se ha ido refinando. En este ambiente, los familiares minimizan la violencia y dicen frases como 'aguanta', "dale una oportunidad', 'arréglalo", expone el especialista.
En este "imaginario", los familiares tampoco son conscientes del peligro que puede suponer alargar un proceso de sometimiento, de control y de amenazas. Además, las víctimas tienden a ocultar la situación, disimulan y el agresor las aisla, afirma el especialista.
También hay un factor de vergüenza que inhibe a las familias. "Todavía existe la creencia de que es un tema privado y a las familias les da vergüenza que se sepa que una hija está siendo maltratada. Lo disimulan o se callan", señala Manuela Sánchez, que trabaja en un colectivo de mujeres en Chiclana.
El miedo de las víctimas
Miedo. Este es principal problema al que se enfrentan las mujeres que sufren violencia de género. El año pasado 54 mujeres murieron a manos de sus parejas, una cifra superior a la de 2012 (52) pero inferior a la de 2011 (61). A pesar de esto, la violencia de género sigue siendo un problema dentro de la sociedad española en la que familiares y amigos de las víctimas tienen un papel muy importante.
“El miedo es el principal problema al que se enfrentan las víctimas, es uno de los motivos por los que no denuncian a su maltratador. Las emociones del ser humano son muy fuertes y muchas veces se antepone la emoción a la razón y piensan y justifican el comportamiento del agresor sin verlo de manera objetiva. A veces no se dan cuenta de que su vida está en peligro”, explica el psicólogo Jesús Gómez.
Este experto cuenta que el entorno de las victimas también tiene un papel importante en la violencia de género. “Ellos pueden ser más objetivos porque no están implicadas emocionalmente por ello, ellos tiene que ser los primeros en denunciar. Algunas veces no se quieren meter porque igual la afectada no quiere hacerlo, pero si no lo hace la familia, igual la víctima no puede hacerlo nunca. Se está dirigiendo toda la política para evitar el maltrato a la víctima y quizás habría que dirigirla también hacia la familia porque ellos también tienen una responsabilidad en el tema. La obligación de denunciar no es solo de la mujer maltratada”, señala.
Coincide Juan Molina, que pide sensibilizar al entorno y también orientar las campañas sobre la responsabilidad de la prensa y los medios audivisuales, y también dedicar recursos para intervenir sobre los maltratadores. "Hay que intentar rehabilitarlos, no queda otra", remarca el psicólogo, que añade que "si no se implican a los hombres en la lucha por la igualdad, la batalla estará perdida".
Para acabar con esta lacra de la sociedad, “la mujer tiene que aprender que una cosa son los sentimientos positivos y que otra son las agresiones y los insultos. Esta parte nunca se debe ni se puede justificar. Habría que darles más información para que distinguieran entre una emoción y una relación patológica atípica de insultos de vejación. A veces se entremezclan ambas cosas y no saben distinguir”.
“Las víctimas tienen una fuerte dependencia a su maltratador que es a su vez su verdugo y su salvador “
La psicóloga María Pastor, del centro Psides, cuenta que pedir a las víctimas que denuncien es algo muy bonito, pero muy complicado. “Las mujeres maltratadas no denuncian por miedo, porque saben que si lo hacen el maltratador va a ir a por ellas o a por su familia. También hay que tener en cuenta que hay un problema de vergüenza y de que las mujeres maltratadas han sido tan anuladas que ya no disponen de los recursos que tiene una persona que no ha sido una víctima”.
Esta experta explica que el segundo problema que conlleva la denuncia es que a veces es muy difícil demostrarlo. “Denunciar es muy bonito, pero muy complicado porque hay veces por ejemplo que el maltrato comienza con un abuso sexual o con insultos que son muy difíciles de demostrar”, señala Pastor.
La psicóloga recuerda que salir de una situación de maltrato es muy complicado. “Hay que tener en cuenta que la mujer tiene una fuerte dependencia de su maltratador que a su vez es su verdugo y su salvador. La familia tiene un papel muy importante en estos casos porque puede ofrecerle el apoyo emocional que necesita. Es más importante esto que la obsesión por denunciar. Los familiares y amigos pueden asesorarse en los centros de ayuda a las mujeres para acompañarla en este proceso lo mejor posible”, concluye.
Fuente: Te Interesa

No hay comentarios:
Publicar un comentario