Mundial, el Fondo Monetario Internacional, McKinsey y Goldman Sachs
(GS) han hecho repetidas incluir a las mujeres en la economía global.
Existen investigaciones extensas y bien respaldadas que demuestran que
las mujeres se encuentran en desventaja económica y que esta desigualdad
debilita de manera significativa la competitividad nacional, disminuye
el rendimiento corporativo, y contribuye a la inestabilidad social.
Conscientes de las consecuencias de este desequilibrio de género, cada
vez más empresas de todo el mundo se están comprometiendo con fondos
importantes en apoyo al fortalecimiento económico de las mujeres.
recomendaciones a la comunidad empresarial para que aumente sus esfuerzos por
Hacer frente a los daños que la exclusión de género está produciendo en la economía mundial es un problema tan urgente como lo fue hace 15 años el abordar los efectos de las empresas sobre el medio ambiente; pero las escuelas de negocios todavía no están poniendo de su parte. En cuanto se conocieron los datos sobre el cambio climático, profesores de escuelas de negocios de todo el mundo comenzaron a trabajar intensamente para dar a conocer el impacto ambiental, para calcular la rentabilidad de las actividades sostenibles, y para que las empresas gestionaran sus operaciones de una manera respetuosa con la naturaleza. Hoy en día, la gestión y la medición del impacto ambiental forma parte de las actividades de cualquier negocio que se precie.
No se ha producido una movilización similar con respecto a la desigualdad económica entre sexos, a pesar de los llamamientos a la acción por parte de empresas y de las investigaciones acreditadas, que confirman que sería muy positivo para el mundo empresarial. No se está produciendo precisamente ningún torbellino de actividades en las escuelas de negocios para formar a los estudiantes con el fin de abordar el problema, como pueden ser la celebración de eventos, búsqueda de programas, y publicación de documentos informativos en apoyo al nuevo imperativo. Las academias de negocios no se han solidarizado. Varios factores contribuyen a este silencio:
- No son conscientes. A pesar de las grandes campañas realizadas por instituciones influyentes y todos los informes de los medios de comunicación, el profesorado de las escuelas de negocios siguen mostrándose ajenos al problema. Tanto en conferencias a nivel internacional o simplemente tomando un café entre colegas, no dejo de sorprenderme una y otra vez al observar lo poco al tanto que están sobre el asunto los profesores de negocios, un tema que muchos expertos consideran que va a constituir el próximo gran problema para las empresas y naciones.
- No hay un compromiso. La Corporación Financiera Internacional y el Goldman Sachs publicaron un informe recientemente que estimaba la brecha en la reputación mundial de las mujeres, en la asombrosa cantidad de 285 mil millones de dólares. Sin embargo, no es posible encontrar a los profesores de administración de empresas preocupados por averiguar cómo y por qué está sucediendo esto, por no hablar de cómo solucionarlo. Los fondos de inversión en EE.UU. y el Reino Unido han solicitado la elaboración de parámetros sobre el impacto de género que ayuden a evaluar los efectos y la rentabilidad que supone invertir en programas para mujeres. Si alguien menciona esto en la facultad de administración o finanzas, lo más que va a conseguir es una mirada ausente o, peor aún, una risita despectiva.
- Falta material. No ha habido ningún esfuerzo sustancial por parte de las escuelas de negocios con el fin de aprovechar las grandes bases de datos que existen actualmente sobre los efectos económicos relacionados con el género, y transformarlos en materiales didácticos o publicaciones académicas. Mi equipo de Oxford llevó a cabo un caso práctico sobre el género el año pasado en la industria del café. Un colega de Harvard posteriormente mostró el caso a un grupo de entusiastas estudiantes de MBAs. Hombres y mujeres por igual encontraron la experiencia estimulante e importante, pero se necesitan algunos materiales más para llegar a crear una verdadera experiencia. (El caso se está enseñado en Oxford y está disponible en Internet gratuitamente, pero no va a seguir siendo utilizado en Harvard).
- Sin capacitación. Si se persigue que los estudiantes de MBAs futuros estén mejor instruidos, deberá proporcionárseles una formación. No conozco ninguna escuela de negocios que trate asuntos económicos relacionados con las mujeres dentro de sus propios temarios. Puede que haya algún módulo sobre las mujeres como lo hay sobre los consumidores, tal vez unas cuantas observaciones en alguna bibliografía sobre las mujeres en las organizaciones, pero nada más. El alcance real de cómo interactúan las mujeres, como la mitad de la especie, en la economía no entra en los extensos apartados curriculares. Por lo tanto, el tema simplemente no aparece en la formación doctoral. A las estudiantes que quieren seguir indagando, se les advierte que nunca van a conseguir un empleo. Por lo tanto, la capacitación futura necesaria para hacer frente a este problema mundial no se está asentando.
- Sin voluntad. El porcentaje de mujeres que se matriculan en los programas de MBA es menor que en otras escuelas profesionales, incluyendo medicina y derecho. El número de mujeres en las facultades de negocios sigue siendo muy bajo. El hecho de que las escuelas de negocios mantienen un trato desfavorable con las mujeres no es nada nuevo. El reciente compromiso público de Harvard de subsanar los prejuicios de género es, por desgracia, algo extraordinario y valiente. Aparte de unos pocos programas sobre “cómo seguir adelante” destinados a mujeres, la experiencia actual en cuanto a preparación académica en los negocios es mayoritariamente masculina. Resulta complicado que surjan triunfadoras bajo tales circunstancias
Fuente: El Periódico del Emprendedor
No hay comentarios:
Publicar un comentario