La preocupación que expresó el exrector de la UPV por la falta de alumnas no evita, siete años después, un retroceso
Es la asignatura pendiente de la Politècnica de València. Su exrector,
Juan Juliá, lo sabía y por ello en 2007 dio los primeros pasos para
revertir el desequilibrio entre sexos que lastran las aulas de la meca
de las ingenierías. «No hay ninguna razón que justifique que, en
determinadas titulaciones, la presencia femenina apenas alcance el 35%»,
decía. Han pasado siete años de aquella frase y ha cambiado el rector,
pero la proporción es todavía más preocupante en la actualidad. Hay
lagunas impresionantes que remiten a épocas donde las aulas estaban
repletas de varones con el cigarrillo en la mano. Ingeniería Eléctrica
sólo tiene el 8,6 % de mujeres entre su alumnado;Ingeniería Informática,
el 9,8 %; Ingeniería Electrónica Industrial, el 10,6 %; e Ingeniería
Mecánica, el 11,5 %.
En aquel 2007, Juliá recurrió a la colaboración
de alumnas de últimos cursos de carrera o profesionales recién salidas
de la universidad para que visitaran los institutos y trataran de ganar
adeptas a la causa politécnica mediante el relato de sus experiencias
personales y la explicación de las características de los estudios de la
UPV.
Desde hace cinco cursos, la Politècnica mantiene vigente el
Programa Valentina, a través del cual realiza actividades y talleres en
institutos para alumnos de ESO con vistas a que puedan matricularse en
el bachillerato científico y luego den el salto a las carreras técnicas.
Se trata de derrotar los prejuicios sintetizados por la filosofía
de este programa: «¿Por qué las chicas no estudian carreras técnicas?
Tienen mejores expedientes y no les da miedo el esfuerzo. Saben que, en
estas profesiones, serán valoradas igual que los hombres, por su mérito y
capacidad, y que podrán ocupar cargos importantes. Entonces ¿por qué?
Porque en esto lamenta la UPV siguen pesando viejos estereotipos: si son
carreras masculinas, incompatibles a la larga con tener hijos, que si
todos son chicos, que si hay mucho friki, mucho nerd y mucho geek». Aun así, la desigualdad sigue reinando en el templo de la técnica.
Fuente: Levante
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